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El pediatra y académico Juan Manuel García-Cubillana
presenta un libro sobre el Hospital de San José de San
Fernando
En
1767, un filántropo, Tomás del Valle, obispo de la Diócesis
de Cádiz y Algeciras, decide fundar un hospital de caridad
en la Isla de León para atender a la ingente cantidad de
pobres que, buscando trabajo se acercaban a la villa en
pleno apogeo de su industria naval, falleciendo muchos de
ellos en calles y caminos. Pronto este hospital atendería a
numerosos civiles y militares, tanto españoles como
extranjeros.
Este libro intenta reflejar la labor de muchos hombres y
mujeres que ejercieron en un hospital de caridad y destaca
la encomiable y escasamente reconocido trabajo durante 40
años de los practicantes de la casa de socorro.
Redacción Cádiz, 23 de diciembre de 2011.-
El prestigioso médico y académico, Juan Manuel García-Cubillana,
presentó el pasado 15 de diciembre en la Casa de la Cultura
de San Fernando, su libro ‘El Hospital de San José
(1767-1956) de la Isla de León’. Tal como indica su autor
“se trata de un libro que intenta reflejar parte de la
historia de la ciudad de San Fernando durante 189 años,
escrito por un pediatra, inmerso en un enorme lío al querer
convertirse en historiador aficionado”. Por ello solicita la
comprensión de los lectores “si la estructura y calidad del
texto dista mucho del estilo universitario y academicista de
historiadores locales de prestigio como Fernando Mósig, Juan
Torrejón, José Quintero, Pepe Cervera y Jaime Aragón, entre
otros”.
La presentación corrió a cargo del historiador Fernando
Mósig quién indicó que este libro obedece al compromiso
personal de García-Cubillana y su intento de divulgar la
importante asistencia prestada por el Hospital de Caridad de
San José que, a su juicio, no ha sido suficientemente
conocida, y, en un segundo lugar, “llenar el hueco generado
tras la publicación, en el año 2007, del libro sobre el
antiguo Hospital de San Carlos”. Con ello ha pretendido
homenajear a las dos instituciones que asumieron la atención
hospitalaria de La Isla durante casi dos siglos. Los
derechos de autor generados por la venta del libro serán
destinados a la Fundación Asilo Patronato de San José, que
sigue presidida por el Obispo de la Diócesis de Cádiz y
Ceuta.
La estructura del texto es similar a la utilizada en la
tesis doctoral de la doctora Benicia Vidal Galache, titulada
El Hospital de San José de San Fernando en los siglos
XVIII y XIX y sus relaciones con el Real Colegio de Cirugía
de Cádiz, excelente y exhaustivo trabajo de
investigación, defendida en la Facultad de Medicina de Cádiz
en 1989. Muchos de los datos reflejados en la historia de
las primeras siete décadas, en concreto hasta 1836, proceden
de esta inédita tesis doctoral. Asimismo, para la
elaboración de la obra ha utilizado otras fuentes
documentales existentes en diferentes archivos, así como en
diversas publicaciones bibliográficas.
En el libro se reflejan las circunstancias que motivaron la
fundación del hospital por un filántropo, el humilde y a la
vez generoso obispo Tomás del Valle; se refiere la vida y la
labor, altruista en muchas ocasiones, de los empleados del
establecimiento, constituidos todos en una verdadera familia
que vivía en el propio edificio al estilo de los hospitales
del medioevo; se relatan los avatares de los eficientes y
valientes administradores, todos presbíteros, Francisco
Castañeto, Francisco Bonilla, José María Bocio, entre otros,
que lucharon por mantener a la institución en medio de
guerras, epidemias y épocas de gran debacle económica,
sufriendo algunos de ellos el cese fulminante en sus
funciones ante el desorbitado gasto hacia los más
necesitados; se significa la dedicación y categoría
profesional de sus facultativos, en su primera época
procedentes del ilustre Real Colegio de Cirugía de la
Armada, alguno de los cuales llegó a ostentar la cátedra del
Colegio de Cádiz e incluso la dirección del Colegio de
Barcelona, entre los que se pueden reseñar a José Selvarresa,
Francisco José Martínez y Bernardo Beau, y más recientemente
médicos formados en la más moderna Facultad de Medicina de
Cádiz, entre los que se pueden distinguir a José María de la
Herrán, Manuel Roldán y el trágicamente asesinado y nunca
olvidado, Cayetano Roldán Moreno; se describen las
vicisitudes del hospital durante las guerras contra
Inglaterra, la batalla de Trafalgar, la guerra de la
Independencia, la invasión de los Cien Mil hijos de San Luís,
la Guerra de África, las insurrecciones cantonales, la
Guerra Civil, las catástrofes y las epidemias de fiebre
amarilla, cólera, gripe y tifus exantemático que asolaron a
la provincia durante los siglos XIX y XX; no dejan de
detallarse los clientes atendidos: pobres indigentes,
expósitos de las casas de cuna, soldados españoles,
franceses e ingleses, trabajadores españoles y extranjeros,
esclavos, presos y prostitutas; asimismo se destaca la
encomiable y escasamente reconocida labor –durante cuarenta
años- de los practicantes de la casa de socorro. Y
finalmente se subraya la loable y ejemplar labor de las
hermanas carmelitas de la Caridad de Santa Joaquina de
Vedruna, que a partir del año 1867, se hicieron cargo de la
gobernanza del hospital, y, tras la Guerra Civil, del
dispensario y farmacia municipales, cuando ambos estuvieron
radicados en el establecimiento. Entre ellas no podemos
dejar de referir a la hermana Florentina.
Aprovechando los numerosos legados depositados en los
archivos, se ha podido reflejar la casuística de ingresos y
fallecimientos; los motivos de internamiento; las
enfermedades padecidas y las causas de mortalidad; los
oficios y procedencia de los pacientes; la actividad de la
casa de socorro; las terapéuticas empleadas, así como los
balances económicos de la institución, mostrándose en su
conjunto la crono-epidemiología sanitaria y financiera del
hospital, y por inferencia de la población pobre y
necesitada de La Isla durante las épocas estudiadas.

Se trata de un libro de historia denso, quizás muy denso,
con profusión de datos y tablas. Eso me dice y recalca
Cecilia, mi mujer y a la vez mi más implacable censora.
Pero, aunque soy un hombre de ciencia, y como tal algo
lacónico y estoico, tengo algo de sensibilidad y
romanticismo y no he podido sustraerme, a lo largo de estos
cinco años, ante la profusión de datos que he tenido la
suerte de encontrar. Nombres de enfermedades que pertenecen
ya al baúl de la historia de la Medicina: el vómito negro,
la tisis, las calenturas tercianas, las cuartanas, el fabo,
el mal gálico, la viruela, el tifus, las perlesías, los
insultos apopléticos; oficios que han dejado de existir y
permanecen inmortales en el patrimonio de nuestros
ancestros: rondín, aguador, baratillero, barrilero, hilador,
mandadero, mediero, quinquillero, rastrillador, recovero.
¿Quién podría resistirse a no referir las terapias
utilizadas en los siglos XVIII y XIX?, la mayoría fórmulas
magistrales, desarrolladas de un modo empírico, sin
fundamento científico, y muchas de ellas nada inocuas;
hablamos entre otras de la triaca magna de Galeno, del
bálsamo de Arceo, del electuario de Diascordio, del láudano
de Sydenham, del ungüento egipciaco, del ethyope mineral,
del bolo de Armeria, etc., nombres que nos evocan a un
atávico pasado, a Dios gracias, unidireccional e
irrepetible. Y ¿Qué investigador, por neófito que fuere,
sería capaz de dejar de plasmar los datos de la
administración del hospital, reflejados con una
meticulosidad y rigor asombrosos, que podrían servir de
ejemplo para muchos gestores actuales?
Decía el escritor brasileño Pablo Coelho «que existe un
lenguaje que todos comprenden: es el lenguaje del
entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en
busca de aquello que se desea o en lo que se cree». Con este
anhelo, este libro intenta homenajear a todos aquellos que
de una manera altruista y desinteresada se han dedicado a lo
largo de la historia al cuidado del prójimo, en especial de
los pobres, enfermos sin recursos y desahuciados de la
sociedad. Pretende reflejar la historia de un hospital de
caridad, que en algunas épocas hizo las funciones de
hospital militar y más tarde de hospital municipal, sin
haber logrado nunca perder la impronta de su origen, una
institución religiosa propiedad de la Diócesis de Cádiz
orientada al cuidado de los más necesitados.
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