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Reafirmando desigualdades (hombres y mujeres), reafirmando estereotipos
(mujer y Enfermera)
Cádiz,
31 de marzo de 2008.- Igualdad de derecho (derivada del marco
legislativo) entre géneros se está consiguiendo paulatinamente desde la
instauración de la democracia y la transposición de la legislación
europea a ámbito estatal.
De esta igualdad de derecho se debiera derivar la igualdad de hecho, si
bien la realidad tristemente nos recuerda que el establecimiento de
leyes no siempre es suficiente para que lo regulado exista en la vida
cotidiana de las personas, en este caso de las mujeres en general y de
las Enfermeras en particular.
Esta igualdad formal sigue propiciando el desarrollo de un mecanismo de
defensa del modelo social androcéntrico, constituido por la creencia
general de que la igualdad entre mujeres y hombres está conseguida.
Situaciones como las que viven las mujeres Enfermeras en la Clínica San
Rafael, que no las mujeres Médicas ni Administrativas, (por lo que
además puede afirmarse que existe una discriminación de género y de
clase), no hacen sino recordarnos que dicha igualdad puede ser una
imagen ilusoria y, en ocasiones, muy lejos de la realidad.
Estas situaciones no hacen sino reafirmar la necesaria pertinencia de
género, lo que implica que ninguna medida laboral, norma, etcétera, es
neutra al género ya que tiene un resultado, un efecto diferente en los
hombres y en las mujeres, por lo que cada medida que se ponga en marcha
reducirá o aumentará esta desigualdad.
En otras palabras la discriminación de las mujeres no tiene su causa en
el sexo biológico, es decir, una causa natural y difícilmente
modificable, sino en el género y tiene un carácter cultural e
ideológico, que sí es modificable.
Además estas
situaciones pretenden por un lado conseguir una determinada imagen que
no tiene que ver con la profesión de las Enfermeras sino con el hecho de
ser mujer. Y por otro lado reafirmar precisamente un estereotipo ligado
a una imagen de las mujeres Enfermeras como profesión. Coexiste por
tanto una doble discriminación: ser mujer y ser Enfermera. No se conoce
ningún caso en el que los Enfermeros hombres hayamos tenido que llevar
un uniforme que atentara contra nuestra dignidad o nos reafirmara en una
posición jerárquica inferior, algo que si ocurre en este caso, pues por
un lado este uniforme con un determinado largo de falda, convierte a las
mujeres en objetos que deben ser “agradables a la vista” y por otro, el
uso de la cofia, pretende situarlas en pleno siglo XXI como “sirvientas”
de no sabemos quién.
A quién le importa
que sean universitarias desde hace largos años, que publiquen tesis
doctorales, que investiguen, que en breve accedan al título de Grado
Europeo o Licenciatura, que sean las responsables de los cuidados de lo
más preciado que tienen las personas: su salud. Parece que en la sanidad
privada la productividad de las enfermeras debe medirse no por sus
conocimientos científico-técnicos y la calidad de los cuidados que
prestan, sino por su voluntad de usar un uniforme incómodo que les
limita enormemente cualquier actividad.
Todo ello lleva a pensar que además de la lógica infracción de la Ley
Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de hombres y mujeres, este
asunto va más allá de la ley porque hiere la dignidad de las mujeres y
Enfermeras, alcanzando niveles a los que se atribuye como una situación
de acoso:
"…Constituye acoso en el entorno laboral, cualquier
comportamiento con el propósito o el efecto de atentar contra su
dignidad y de crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo"
Igual desde un
punto de vista estrictamente jurídico puede ser discutible, no así
desde luego desde un punto de vista ético.
Llamamos a la
responsabilidad de quienes deciden sobre uniformes, que aparte de
cumplir los requisitos de funcionalidad, comodidad, etc., constituyen
ineludiblemente una imagen. La de las Enfermeras merece, como mínimo, el
trato digno de cualquier otra profesión. Quién no lo haga así no
solamente merece nuestra reprobación, sino que incumple la Ley. Los
responsables públicos que se jactan por esa igualdad también tienen una
ocasión de oro, y la obligación, para hacerlo con el ejemplo de impedir
y corregir estas situaciones. Nosotros no cesaremos hasta conseguirlo.
Rafael Campos
Arévalo
Presidente del
Excmo. Colegio Oficial de Enfermería de la provincia de Cádiz
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